viernes, 6 de marzo de 2009

ATERRIZANDO POR FIN.



Claro que estaba nerviosa, había pasado justo un año desde que le conocí, casi instantáneamente me había enamorado de él y sin embargo, nunca nos habíamos visto.

Llegue muy temprano al aeropuerto pero moneando y gastando el tiempo entré tarde en la zona de embarque. Una vez allí le llame y esa fue nuestra última conversación telefónica antes de despegar rumbo a su brazos.

El viaje aunque muy largo, se me hizo corto, me leí un libro y vi dos películas.

Llegamos y mi corazón comenzó a latir con fuerza. Rápido me puse en la cinta para coger mi maleta y correr a buscarlo y rápido vino mi maleta, pero un guardia aduanero me pidió que la abriera , eso se debía a que el queso que llevaba para mi amor era muy bueno e incluso a este agente le llegó el olor, pero muy agradablemente me dijo que no había ningún problema y me fui corriendo a buscarle.

Entonces no vi a nadie y me asusté, pregunte por su vuelo a un chico de por allí y este me indicó que no sabía nada , pero amablemente cogió mi maleta y me acompañó con la compañía que tenía que llevarme a mi hotel.

Pero entonces giré mi cabeza hacia la derecha y allí estaba él. Corrí a sus brazos y nos fundimos en un abrazo y beso eterno y maravilloso que aunque duró sólo unos segundos, para nosotros fueron horas, después de subir al autobús que nos llevaría a nuestro hotel, sólo recuerdo sus ojos, sus cara, sus palabras, ya que aunque el guia hablaba y hablaba, la gente a nuestro alrededor también comentaba, el paisaje se mostraba ante nosotros maravilloso. Yo en esos momentos sólo sentía, oía y percibía a mi amor.

Este fue el comienzo de nuestra maravillosa aventura, ese momento mágico que está marcado en nuestra piel como hierro candente de manera que ocurra lo que ocurra nunca desaparecerá.