miércoles, 24 de septiembre de 2008

Almas Gemelas.


LAS ALMAS GEMELAS

Dios creó un TODO y lo llenó de vida; luego lo dividió en dos y cada una de esas dos partes reencarnó en dos seres diferentes. Deberían evolucionar cada una a través de vidas separadas. Así nacieron las almas gemelas, ese es el concepto de su existencia y la razón del por qué están separadas.
Sin embargo, aunque nacemos en cuerpos diferentes, la unión de esas almas no termina jamás y a través de muchas reencarnaciones estaremos juntos, cada una en un escenario diferente, viviendo vidas paralelas, con las mismas experiencias, pero no nos reconocemos desde el primer instante porque falta evolución y por eso necesitamos de otras relaciones. Pero el reencuentro al final, es inevitable.
Las almas gemelas tienen los mismos intereses, su atracción no es sólo física o sexual y la ternura ocupa sus instantes y sus miradas. Ese amor trasciende la edad, la materia, la raza, el credo, las distancias. Al verse, sienten una infinita necesidad de abrazarse y besarse y expandir las energías de sus corazones. Ambas desean crecer espiritual e intelectualmente, se incentivan mutuamente por ese crecimiento personal, no existe entre ellas el egoísmo ni la individualidad y tienen el deseo, aunque inconsciente, de llevar a cabo su misión juntos.
Se complementan en todos los sentidos... ¡casi piensan lo mismo! Se aceptan, se respetan, hacen planes para el futuro, se quieren como son. Si se pelean parecen marchitarse y buscarán rápidamente aclarar sus malentendidos, con humildad y generosidad el uno por el otro. Y su amor crecerá cada día más y más. Se dan cuenta que aunque separadas han estado buscándose siempre, ahora comprenden el por qué de la espera, por qué la alegría de vivir y por qué los corazones no se cerraron a la llegada del amor, nunca. Sus experiencias pasadas fueron la preparación para el reencuentro.
Las almas gemelas se atraen más fácilmente cuando los dos tienen buen humor, son activos, vivaces, conversan largamente, la música los transporta a su lugar original. Buscan el éxtasis y lo disfrutan. Hacer el amor es una experiencia que cobra un inusitado significado y en un indescriptible instante de esa unión, logran reconocer a través de sus ojos, el alma que estaban buscando y entonces... ¡sabrás que esa es tu otra mitad!
Si estás esperando el amor verdadero debes activar ese reencuentro, manteniendo la fe en su llegada, tomando cada experiencia como un paso adelante, orando, llamándolo y bendiciendo a ese ser que aún no conoces pero esperas, él también estará esperando por ti. Cuando la soledad duele más, aparece al fin. Pueden pasar años, pero en el fondo de tu corazón, sabrás siempre que existe y cuando llega, el Planeta entero se confabula a favor de ese encuentro y comienzan a desencadenarse toda suerte de acontecimientos para que finalmente estén juntos.
Si aún no has encontrado tu alma gemela, no te afanes, aún no es hora, aguarda con fe. Y esperar con fe, es tener la absoluta certeza de que sucederá y que esta vez será para siempre... ¡será un amor eterno!


Yo ya encontré a mi alma gemela y lo único que puedo trasmitir es que todo lo que se escribe sobre el tema es cierto, todo pasa.

Cuarentena


Lo peor que llevo de todo esto es ponerle nombre a las cosas. A veces me resulta imposible dar nombre a un hecho que para mí es importante. ¿Qué nombre le pones a la muerte? ¿Cómo denominas al sufrimiento?
Llevamos tres semanas en cuarentena, ha muerto más de la mitad de la población de esta aldea perdida en mitad del Congo africano, los compañeros médicos están falleciendo y nadie sabe cuál, es la causa de esta epidemia que está dejando sin recursos a la misión y sin fuerza a los profesionales que luchamos contra ella.
Los cooperantes que aquí nos encontramos estamos comprometidos con la causa, no pensamos huir y dejar aquí a tanta gente que nos necesita. Lo irónico de todo esto es que, por si acaso no lo teníamos claro, el cardenal responsable de la misión nos ha enviado una notificación para indicarnos, muy educadamente, que no podemos marcharnos pues nosotros también estamos en cuarentena. Todo parece indicar que el detonante fue la actitud peligrosa y cobarde de un compañero de Recursos y Suministros que pidió regresar, al ver cómo aumentaba el índice de peligrosidad de la epidemia. No importa, como responsable de este proyecto sé que no debo tomarlo en cuenta y, por supuesto, no debo ni quiero cambiar de actitud con don Eusebio, ya que mi labor es colaborar salvando vidas, no resolviendo rencillas. Además de que, en estos momentos, el miedo es compañero innegable de todos nosotros.
La principal razón de escribir estas líneas es el miedo a no sobrevivir y, por tanto, que no haya nadie de los que estamos viviendo este infierno que pueda informar de lo que aquí acontece. Todo empezó con síntomas comunes que nos llevaban al mismo sitio: cólera.
Qué, equivocados estábamos: no era esto. Al intentar tratarlo como tal, lo que hicimos fue empeorar la situación, qué digo: se desencadenó lo que ahora es una catástrofe con muchos más síntomas como, por ejemplo, las costras de las que no deja de manar ese pus que al principio no podía soportar y que ahora sobrellevo como puedo. Después, esas heridas pueden seguir dos caminos: uno, secarse; entonces el enfermo comienza a mejorar, los síntomas desaparecen poco a poco y a los cinco días se encuentra casi totalmente restablecido. En ocasiones, trascurrido un tiempo, la persona vuelve a enfermar y esta vez nunca se recupera (esto nos ha sucedido solamente en tres ocasiones). No podemos saber la causa este suceso, pues es imposible investigar a fondo y como sólo ha ocurrido en estos casos aislados, preferimos creer que no es significativo.

En la segunda forma de presentarse (ocurre la mayoría de las veces) las costras van consumiendo a la persona: el dolor es insoportable, las fiebres, los delirios, las alucinaciones ¡Dios mío ayúdanos! Hoy es 30 de mayo y me encuentro al límite de mis fuerzas. Si finalmente mi desenlace es el esperado, deseo que este documento pueda servir para esclarecer los trágicos hechos que acabaron con nuestra misión en esta aldea del Congo que cuando comenzamos el proyecto contaba con 500 personas. Ahora, es difícil saber cuántos somos.

Anoche estaba en mi cama mirando hacia el pequeño tragaluz de la cabaña: se podía contemplar el cielo cubierto de un manto memorable de estrellas, la luna poderosa reinaba en el centro de todas ellas. Por primera vez en todo este tiempo sentí paz, y comprendí el alcance de este terror. Ante la posibilidad de perecer junto a todo mi equipo, desperté con la certeza de que debía escribir este documento.

Mi nombre es Alicia Escribano, soy responsable del proyecto humanitario que se realiza en el Congo africano para luchar contra enfermedades infecciosas, en estas regiones del continente africano que no disponen de medios para sobrevivir a estos males que asolan nuestras sociedades modernas.

Espero que, con este documento, los investigadores puedan hallar una forma de paliar esta epidemia. Suplico ayuda y toda la cooperación necesaria para salvar a esta gente.

Alicia Escribano
30 de mayo de 1908